El privilegio de cocinar

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La cocina está “de moda”           

La cocina, ese arte cotidiano, esa labor alquímica que, gracias al uso hábil del fuego y a la combinación acertada de ingredientes y condimentos, nos permite transformar los alimentos que da la Tierra, adaptándolos a nuestras necesidades, está “de moda” … ¡Dios nos pille confesados!
Porque todo lo que está de moda acaba, inevitablemente, banalizado y comercializado, en un burdo intento de la industria y de los medios de comunicación de explotar y rentabilizar cualquier tema que atraiga el interés popular.
Y así vemos, por ejemplo, como este arte antiguo y sagrado, transmitido de generación en generación, es exhibido y sacrificado en los altares televisivos, para mayor gloria de los índices de audiencia.
En esta nueva cocina “de moda” se pretende impresionar y “ganar”, buscando obsesivamente el contraste de sabores, la satisfacción sensorial más burda, las formas y presentaciones extravagantes, las texturas y colores impactantes, da igual si para ello se utilizan productos químicos y aditivos. En definitiva, se priorizan la creatividad y sofisticación sin límites, más allá de cualquier consideración de salud o equilibrio nutricional.

La cocina tradicional: valioso legado de nuestros antepasados

Este planteamiento sitúa este arte ancestral en las antípodas de donde, si queremos que la cocina contribuya a mejorar la salud y el bienestar, debería estar. Porque las recetas tradicionales, en su mayoría, se concibieron para circunstancias y necesidades concretas, buscando el bienestar de quienes las comían, que eran casi siempre familiares o miembros del entorno cercano de la cocinera. Y digo cocinera, porque tradicionalmente han sido las mujeres quienes han ido desarrollando y perfeccionando las artes culinarias.
Tarea la de cocinar que, en nuestro pasado evolutivo, se asociaba al uso de plantas y hierbas con fines terapéuticos o medicinales. A veces estas hierbas o plantas formaban parte de los menús cotidianos. Otras veces, eran administradas en forma de remedios para dolencias específicas. Porque en la sociedad rural de nuestros antepasados era habitual que algunos miembros de la comunidad, muy frecuentemente las mujeres por su papel de cuidadoras, tuvieran conocimientos más o menos rudimentarios sobre recetas y remedios a base de hierbas, plantas o alimentos. Es natural, si pensamos que en aquellas circunstancias las “urgencias” no se podían solucionar con una visita al centro médico “más cercano”. La mayoría de las veces el médico, si es que lo había, tardaba muchas horas, o días, en llegar. Por eso, ante determinadas situaciones de emergencia, las progenitoras (madres, abuelas, tías, hermanas…) aprendieron a administrar primeros auxilios y a aliviar dolencias comunes con lo que tenían más a mano: los alimentos y recursos naturales.
De ahí a la “brujería” sólo hay un paso. Y así fue como, en la tenebrosa Edad Media, millones de mujeres murieron quemadas en la hoguera por sus “artes oscuras”, es decir, por poseer la capacidad de curar o aliviar dolencias, gracias a sus conocimientos sobre las propiedades de plantas o hierbas, remedios y recetas caseras, los ciclos naturales, y el uso alquímico del fuego. A las mentes ignorantes y supersticiosas de los inquisidores ciertas sanaciones, aparentemente sin explicación, les parecían “obra del diablo”,  y merecían la condena y muerte de la sanadora, por su supuesta relación con el maligno.
En realidad, esta capacidad sanadora derivaba, la mayoría de las veces, de la estrecha conexión de estas mujeres con la Naturaleza y sus ciclos, que por su condición femenina experimentaban en su propio cuerpo. Las mujeres transmitían estos conocimientos de madres a hijas, de generación en generación, constituyendo todo un legado de valiosa sabiduría popular que hoy ha quedado descafeinado y diluido, cuando no demonizado y despreciado, por la cultura racionalista y su necesidad de “evidencias científicas”. Una verdadera lástima.
Ya me imagino a todas las feministas poniendo el grito en el cielo: ¡con lo que nos ha costado salir de la cocina! Tranquilidad: no defiendo que la cocina y demás tareas del hogar sean competencia exclusiva del género femenino. Sólo estoy exponiendo una situación histórica del pasado en el que, debido a su habilidad para conectar con las plantas y ciclos naturales, las mujeres desarrollaron el arte de sanar con plantas y alimentos. Por suerte, hoy día también muchos hombres están desarrollando el lado femenino que sin duda tienen, y aprendiendo el arte de cocinar y de crear salud y bienestar a través de la alimentación. Igual que muchas mujeres hemos recurrido a nuestro polo masculino para desarrollar profesiones y tareas fuera del hogar, antes reservadas sólo a los hombres. Gracias a ello, hombres y mujeres nos hemos enriquecido enormemente.

La salud pública se crea en la cocina

Pero aún falta mucho camino por recorrer, antes de que la sociedad en su conjunto sitúe la cocina cotidiana como una de las competencias más importantes y claves para la salud pública. Sueño con el día en que se enseñe cocina sana en los colegios, de manera que las niñas y niños aprendan desde muy pequeños a cuidarse y sanarse a través de la alimentación. Y hablo de una sanación holística, que incluya cuerpo, mente y espíritu, algo que no puede lograrse sin incluir el enfoque energético en la cocina y la alimentación. Debemos aprender a ser conscientes de los efectos sutiles de los alimentos sobre nuestra mente y emociones. De otra manera, no avanzaremos en el camino hacia la salud global. Porque sin esta comprensión nos perdemos en miles de datos, en una montaña de información, muchas veces contradictoria, que nos lleva a desistir de nuestro propósito de cuidarnos a través de una buena alimentación. Los árboles no nos dejan ver el bosque: carecemos de una visión de conjunto, de principios unificadores que den sentido a los datos. Cada vez veo a más personas que tienen acceso a una cantidad ingente de información, pero no son capaces de estructurar sus menús cotidianos para obtener salud. Su cocina cotidiana carece de sentido y dirección.
Así las cosas, hoy día alimentarse de forma equilibrada se ha convertido en algo tan complicado, misterioso y confuso como aliviar pequeñas dolencias cotidianas con hierbas o recetas medicinales. Ante un simple resfriado, una indigestión o un dolor de cabeza entramos en “pánico”, no sabemos qué hacer, y corremos al médico para que nos recete la píldora milagrosa, que nos “soluciona” el “problema” rápidamente, sin ninguna comprensión ni aprendizaje por nuestra parte. Por eso hoy día hay tantas dolencias crónicas y degenerativas sin solución, porque hemos perdido la capacidad de cuidarnos y sanarnos a través del alimento.

Recuperar el arte culinario como base de nuestra salud y felicidad

Esto aparece reflejado en la baja valoración, muchas veces inconsciente, que la mente colectiva otorga a la tarea de cocinar. Se la percibe como algo menor, prosaico, sin relevancia. Una tarea pesada de la que muchos intentan escabullirse con los pretextos mas peregrinos:
“La cocina no es lo mío”
“La cocina para las marujas (término peyorativo para designar a las mujeres que trabajan cuidando de su hogar y su familia)”
“No tengo tiempo para perderlo en la cocina”
“No por favor, no te molestes en cocinar”
“¡Qué comida más rica!… pobrecita, las horas que habrás perdido en la cocina para prepararla”
“¡Qué rollo cocinar!”
En fin, no sigo porque todos conocemos sobradamente este género de comentarios, repetidos hasta el cansancio en nuestro entorno más próximo. Y lo peor es que muchas veces son celebrados con sonrisas y gestos más o menos graciosos, de aprobación y comprensión. Porque ¡qué rollo cocinar!
Estos argumentos, en mi opinión, no resisten un análisis profundo. Vamos a traducirlos correctamente:
“Comer bien no es lo mío”
“Comer sano para las marujas”
“No tengo tiempo para perderlo alimentándome correctamente”
“Por favor, no pierdas el tiempo en cocinar recetas ricas y nutritivas”
“Pobrecita, las horas que habrás perdido en la cocina para preparar un menú casero, delicioso y saludable”
“ Qué rollo comer delicioso y sano”
Absurdo ¿verdad?
Debemos recuperar el verdadero arte culinario, aquél que, al tiempo que satisface nuestros sentidos, nos proporciona equilibrio físico, mental y espiritual.
Y es que yo creo firmemente que cocinar es un privilegio: cuando cocino no pierdo el tiempo, lo invierto en salud y felicidad. Sí sí, como lo leéis, cocinar es un auténtico privilegio, el privilegio de crear cada día, en tus fogones, tu salud y la de tu familia.
Pero no hablo de cocinar para ganar un concurso televisivo, para impresionar a los demás, para satisfacer el paladar o para “matar el hambre”.  Hablo de cultivar el arte culinario, esa alquimia que me da la capacidad de transformar los frutos y recursos de la tierra en salud, bienestar y felicidad para mi y para quienes me rodean. Ésa es la actitud con la que debemos abordar la humilde y sagrada tarea de cocinar, si queremos que nuestras recetas nutran y sanen, al tiempo que satisfacen y proporcionan placer y bienestar.
Creo, además, que esta valoración tan pobre del antiguo arte culinario es consecuencia de la cultura patriarcal moderna, con su culto a la eficiencia, a la “evidencia científica”, a la competitividad y la tecnología. Dentro de esta cultura cada vez tienen menos cabida las tareas artesanales, manuales, que requieren tiempo, paciencia y atención al detalle, y que no buscan exclusivamente el beneficio ni la rentabilidad.
El hombre moderno, con su mentalidad de “usar y tirar”, se aleja cada vez más de sus raíces, de la conexión con la madre Tierra, que durante milenos ha producido nuestro sustento. Cree dominar los recursos, cuando en realidad los está empobreciendo y agotando, porque ha perdido el respeto por la Vida, y desde una posición de dominio se siente el amo de la Tierra que sustenta esa vida. Es urgente que recuperemos la humildad y el respeto por todo lo vivo, y que veamos de nuevo el alimento, el fuego, el agua y los demás recursos naturales como bendiciones que nos regala la Naturaleza, y como tal hacer uso de ellos sin poner en peligro la fuente que los produce.
Cocinar es una de las pocas artes manuales que quedan al alcance de todos, y que merece la pena cultivar, pues aprendiendo a utilizar la alquimia de la llama, del agua y de los frutos de la tierra para crear recetas sabrosas y nutritivas, que sustenten y potencien nuestra salud y el bienestar, habremos dado un gran paso hacia la recuperación del amor y el respeto por la Tierra que sustenta la Vida, y eso significa recuperar el amor y el respeto por nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

Author: Rosa

2 Responses to "El privilegio de cocinar"

  1. Gloria Posted on 19 octubre, 2017 at 17:40

    Sólo comentar que me es muy incómodo leer porque las líneas están muy juntas.
    Un saludo 😉

    • Rosa Posted on 20 octubre, 2017 at 16:57

      Hola Gloria,
      Sí, es verdad, es un rollo, pero no podemos cambiarlo porque es el formato standard que tiene el wordpress (el programa con el que se administra la web).
      Saludos!

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